Ana María enfrenta una de las pruebas más duras para una madre: tiene dos hijos desaparecidos en Salamanca. Adrián Barrón Prieto desapareció en 2017. Su hermano mayor, Jesús Roberto Barrón Prieto, desapareció el pasado 10 de agosto. La mujer denuncia que la Fiscalía no le ha informado de avances en ninguno de los dos casos.
Su relato describe una familia fracturada por el miedo. Ella se aferra a la fe y al apoyo de otras madres buscadoras.
Dos desapariciones con casi nueve años de diferencia
Todo comenzó el 7 de diciembre de 2017 en la comunidad de Cerro Gordo. Esa noche, el pueblo se preparaba para sus festividades patronales. Adrián, de 30 años, acudió a la fiesta. Según su familia, se lo llevaron cuando estaba cerca de los juegos mecánicos. Dejó cuatro hijos pequeños.
El golpe se repitió el 10 de agosto. Alrededor de las 20:00 horas, Jesús Roberto, de 44 años, conversaba con vecinos en la calle Francisco Villa, casi esquina con Pasajero. Acababa de terminar su jornada de trabajo. Personas a bordo de una camioneta gris se lo llevaron. De acuerdo con el relato, dijeron que lo trasladarían a un anexo, algo que la familia nunca solicitó. Desde entonces, no sabe nada de él.
Hijos desaparecidos en Salamanca: una familia rota
“Nos dejan devastados, nos dejan rotos, con mucho miedo”, dijo Ana María con la voz entrecortada. Jesús Roberto es soltero. Ella compara la ausencia con perder un dedo de la mano: aunque queden diez, siempre falta uno.
Además, las desapariciones cambiaron la vida de los más jóvenes del hogar. Según la madre, los niños dejaron de ir a la escuela. Una joven que cursaba la universidad tuvo que abandonar sus estudios.
Lo que reclama a la Fiscalía
Ana María presentó las denuncias formales. También señaló que había cámaras de vigilancia cerca de los lugares de los hechos. Sin embargo, afirma que las autoridades condicionaron la revisión de las grabaciones. Pidieron datos difíciles de recabar en momentos de pánico, como los números de placa.
Para la familia, la Fiscalía se ha limitado a llamar de forma esporádica para tomar muestras de ADN. A veces, dijo, personal de la institución le pregunta qué novedades tiene. “Se supone que ellos son los que me deben ayudar a buscarlos”, reprochó. Además, teme que los casos se archiven sin explicación.
Hasta ahora, el relato no incluye una postura de la Fiscalía. El Clarín dará seguimiento a su respuesta.
El colectivo, un refugio para buscar
Ana María encontró apoyo en el colectivo Salmantinos Unidos Buscando Desaparecidos. Ahí participa en jornadas de búsqueda en campo y en talleres de bordado. Dice que las búsquedas le sirven como terapia, porque mantienen su mente ocupada. También asegura que sabe que no está sola.
Ella pide a Dios que le regrese a sus hijos, vivos o muertos. Quiere tener un lugar donde llevarles flores para que nadie los olvide.
Hoy, Ana María sigue aferrada a la oración. Espera una respuesta sobre el paradero de Adrián y Jesús Roberto. Recuerda a las autoridades y a la sociedad que detrás de cada desaparecido hay una madre que no dejará de buscar.
