El Trumpismo y México mantienen una relación marcada por la confrontación discursiva y la construcción de una amenaza constante. Desde su irrupción política en 2015, Donald Trump colocó al país vecino en el centro de su narrativa: primero como símbolo de inmigración descontrolada y después como eje del combate al narcotráfico.
La publicación reciente del libro The Invisible Coup, de Peter Schweizer, refleja esa visión. La obra plantea que la inmigración responde a estrategias de gobiernos extranjeros y aliados internos para debilitar a Estados Unidos. La portada, con la bandera mexicana y figuras políticas internacionales, refuerza el mensaje que ha permeado en sectores del movimiento MAGA: México no es solo un socio incómodo, sino un factor de riesgo estructural.

La narrativa no es nueva. En su campaña presidencial de 2015, Trump mencionó reiteradamente a México y posicionó la construcción del muro como solución central. El mensaje logró preparar a la opinión pública para aceptar políticas restrictivas bajo el argumento de proteger empleos, valores y seguridad nacional.
Con el paso de los años, el discurso evolucionó. La inmigración dejó de ser el único eje y el narcotráfico ganó protagonismo. El aumento de muertes por consumo de drogas en Estados Unidos —que afecta de manera significativa a la base electoral republicana— permitió reforzar la idea de que el problema se origina al sur de la frontera. Bajo ese enfoque, hablar de acciones más contundentes, incluso militares, se volvió parte del debate político.