La tecnología en 2026 dejará de sentirse como “algo del futuro” para convertirse en hábitos cotidianos. El punto en común es claro: la inteligencia artificial ya no solo vive en una app, sino que empieza a integrarse en dispositivos, servicios y plataformas que usamos a diario. Esto es lo que viene con más fuerza este año y por qué vale la pena ponerle atención.
1) Volverá (de verdad) la idea de hablarle a la computadora.
Durante años, los asistentes de voz se quedaron en tareas simples: música, alarmas y el clima. Ahora, los chatbots con IA generativa empujan un cambio: conversaciones más naturales, respuestas más largas y un trato más “humano” en audífonos o manos libres. La promesa es comodidad; el reto será evitar dependencia emocional, desinformación o confusiones en usuarios vulnerables. La recomendación general es tratarlo como herramienta, no como sustituto de apoyo profesional.
2) La búsqueda del “después del smartphone” se acelera.
Las marcas vuelven a apostar por lentes inteligentes, ahora con funciones de IA: capturar momentos, escuchar indicaciones y consultar información sin sacar el celular. La diferencia frente a intentos pasados es que la IA puede hacerlos más útiles. Aun así, el debate será privacidad y consentimiento en espacios públicos.
3) Navegar internet será distinto: más respuestas, menos clics.
La IA se está metiendo en buscadores, navegadores y sistemas operativos. Cada vez veremos más resúmenes automáticos, asistentes que “explican” lo que estás leyendo y funciones para comprar, reservar o comparar productos desde una conversación. Esto ahorra tiempo, pero también concentra poder en pocas plataformas y cambia el tráfico hacia medios y creadores.
4) Robotaxis en expansión: lo autónomo deja de ser rareza.
En grandes ciudades, los taxis sin conductor ya operan y se preparan para rutas más complejas, incluidas autopistas y traslados a aeropuertos. Habrá tropiezos técnicos y polémicas, pero la tendencia apunta a más unidades y más zonas de servicio.
En resumen, la tecnología en 2026 será más “invisible”: menos botones, más conversación; menos búsqueda manual, más decisiones asistidas. El reto será equilibrar utilidad con seguridad, privacidad y reglas claras.