El arranque del Tren Interurbano México–Toluca, conocido como El Insurgente, ha estado marcado por una mezcla de expectativa, aprendizaje y pequeñas confusiones operativas. El nuevo sistema promete reducir de forma drástica los tiempos de traslado entre Toluca y la Ciudad de México, pero sus primeros usuarios aún se adaptan a su funcionamiento.
Las mayores aglomeraciones no se registran dentro de los vagones, sino frente a las máquinas de acceso. Ahí, los pasajeros deben elegir entre un boleto sencillo o la Tarjeta de Movilidad Integrada, que requiere saldo adicional para poder salir de la estación. La falta de claridad —sumada a recargas solo en efectivo y a un reglamento poco visible— ha generado retrasos y molestias en horas pico.
El tren comienza a llenarse desde estaciones como Lerma, donde muchos usuarios llegan tras largas caminatas o traslados en taxi, debido a la limitada conectividad local. Una vez en marcha, el ambiente es silencioso: música suave, pasajeros dormidos y teléfonos encendidos acompañan el trayecto, especialmente en los primeros recorridos del día.

Para Laura Méndez, de 31 años, trabajadora administrativa en Santa Fe, el cambio ha valido la pena. Antes tardaba hasta hora y media en llegar desde Toluca; ahora, el recorrido se reduce a poco más de 20 minutos. “Pago más que en el camión, pero gano tiempo y tranquilidad. Eso no tiene precio”, comenta mientras espera el tren por tercera vez desde la inauguración.
Una experiencia similar vive Roberto García, técnico en mantenimiento industrial que labora en la zona poniente de la capital. Aunque reconoce que el acceso a la estación más cercana implica caminar varios minutos, considera que el tren es más seguro y predecible que la carretera. “Antes dependía del tráfico y de los accidentes. Aquí sabes a qué hora llegas”, señala.
El Insurgente opera con 20 trenes y horarios extendidos toda la semana, con tarifas que van de 15 a 100 pesos según el trayecto. La obra, iniciada hace más de una década, atravesó tres administraciones federales y superó múltiples retos técnicos y financieros, con viaductos elevados y túneles en zonas montañosas.
Pese a antecedentes recientes en otros proyectos ferroviarios del país, muchos usuarios coinciden en que el servicio se percibe seguro y funcional. Para algunos, incluso abre nuevas posibilidades: viajes recreativos, visitas familiares o un acceso más directo a zonas centrales de la capital.
El Tren Insurgente avanza así entre ajustes cotidianos y expectativas altas, mientras miles de pasajeros comienzan a redefinir su rutina diaria sobre rieles.