El presidente advierte del riesgo de un mundo “más inestable, inseguro y más injusto” si no se retoma el diálogo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reclamó este domingo una desescalada inmediata en Oriente Medio y defendió la diplomacia como única salida viable ante la creciente tensión regional. Durante la cena previa a la inauguración del Mobile World Congress (MWC), celebrada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y a la que asistió el rey Felipe VI, el jefe del Ejecutivo subrayó que España respaldará cualquier iniciativa orientada al diálogo.
“En esta necesidad de retomar el diálogo cuanto antes estará España”
Sánchez situó el conflicto en una disyuntiva clara entre “guerra o paz” y reiteró el compromiso español con el respeto al derecho internacional. Aunque reconoció que los recientes ataques de Estados Unidos e Israel se dirigieron contra “un régimen odioso como el iraní” que reprime a su población, advirtió que la respuesta de Teherán ya impacta en países árabes de la región y aumenta el riesgo de una expansión del conflicto. El presidente dejó explícito su rechazo a “una intervención militar”.
El mandatario insistió en que las armas no constituyen la única alternativa y apeló a la negociación como vía prioritaria. Alertó, además, sobre las consecuencias humanitarias y jurídicas de la escalada.
“Nos estamos precipitando de forma peligrosa de la deriva a un mundo más inestable, inseguro y más injusto para el común de los mortales”
“No es que el fin no justifique los medios; es que el propio fin y estos medios corren peligro de llevarnos a un escenario peor”
En el mismo acto, el president de la Generalitat, Salvador Illa, respaldó la posición del Ejecutivo central y afirmó que Cataluña se suma a la demanda de desescalada y respeto a la legalidad internacional.
Tecnología y riesgos globales
Sánchez también abordó los desafíos asociados al desarrollo tecnológico. Defendió que España fue pionera en adoptar nuevas herramientas digitales y que ahora es consciente de sus riesgos. Reconoció los beneficios del progreso, pero llamó a actuar con firmeza ante posibles efectos negativos.
El presidente advirtió sobre la necesidad de no “sacrificar la libertad, la convivencia o incluso la salud mental en el altar de los oligarcas tecnológicos” y cuestionó que, en algunos casos, sean las propias compañías quienes definan los límites del desarrollo de la inteligencia artificial.
En un contexto internacional marcado por la tensión militar y la transformación tecnológica, Sánchez reivindicó la diplomacia y la regulación como pilares para evitar una deriva hacia un escenario más incierto y fragmentado.