La extorsión afecta a vendedores de fresas que operan a la orilla de las carreteras en Guanajuato. En municipios como Irapuato y Salamanca, grupos delictivos exigen cobro de piso a pequeños comerciantes que dependen de las ventas diarias para subsistir.
Según testimonios ciudadanos, los extorsionadores contactan directamente a los vendedores, les imponen cuotas y amenazan con ataques armados, daños a los puestos o incendios. En varios tramos carreteros, dejan sobres con números telefónicos para iniciar el cobro. Ante el riesgo, muchos comerciantes abandonan sus puntos de venta, reducen horarios o se retiran por completo.
La presión se extiende a otros giros. Tortillerías, taquerías, bares y refaccionarias enfrentan el mismo esquema, lo que amplía el impacto económico y confirma que la extorsión no distingue tamaño de negocio.
Organismos empresariales y observatorios ciudadanos, entre ellos Coparmex, reportan aumentos superiores al 100% en denuncias en zonas como Irapuato y Salamanca frente a años previos. Aun así, especialistas advierten una cifra negra elevada: muchos afectados evitan denunciar por miedo a represalias.
Aunque autoridades estatales implementan operativos y un Escuadrón Antiextorsión y anuncian detenciones, los vendedores mantienen una percepción de inseguridad. Para ellos, la extorsión afecta a vendedores de fresas de forma directa: recorta ingresos, altera la vida cotidiana y pone en duda la continuidad de una actividad básica para miles de familias.