De pastor bautista a sacerdote católico, un camino poco común
El P. Travis Moger fue ordenado sacerdote católico en mayo de 2025 en la Diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, tras un proceso de conversión que duró varios años y que vivió junto con su familia. Antes de su ordenación, Moger fue pastor bautista y capellán de la Marina de Estados Unidos.
De acuerdo con su propio testimonio, su ingreso a la Iglesia Católica no estuvo motivado inicialmente por el deseo del sacerdocio, sino por un llamado espiritual que se fue consolidando a través de la oración y la liturgia. Durante una misión militar, tanto él como su esposa e hijo comenzaron, de manera independiente, a sentir una atracción hacia el catolicismo.
Un proceso de conversión familiar
Mientras Moger se encontraba desplegado, su esposa Amelia inició el proceso de iniciación cristiana para adultos (OCIA). A su regreso, ambos compartieron experiencias espirituales similares, lo que fortaleció su discernimiento y su vida familiar. Tras cinco años de estudio y acompañamiento, la familia fue recibida en la Iglesia Católica en el Domingo de Pascua de 2018.
El P. Thomas Falkenthal, quien fue su supervisor como capellán naval, destacó que Moger comenzó a sentirse profundamente conectado con la Misa católica, a pesar de provenir de una tradición cristiana distinta.
Dispensa papal y ordenación sacerdotal
El obispo Mark Brennan, de la Diócesis de Wheeling-Charleston, explicó que el Papa Francisco otorgó a Moger una dispensa especial del requisito del celibato, permitiéndole ser ordenado sacerdote católico aun estando casado.
Brennan señaló que la experiencia de vida familiar puede ser una cualidad positiva para el ministerio sacerdotal, al aportar una comprensión más profunda de la paternidad espiritual y del servicio pastoral.
Un ministerio marcado por el servicio
Para Moger, su experiencia como esposo y padre influye directamente en su forma de ejercer el sacerdocio, especialmente en su cercanía con los más pobres y marginados. Su familia ha señalado que su conversión no solo fortaleció su fe, sino también la unidad familiar y su compromiso con Dios.
A nueve meses de su ordenación, el sacerdote considera que su historia es el resultado de haber respondido afirmativamente al llamado divino, confiando en que el proceso se iría esclareciendo con el tiempo.
“Dios honra cuando damos pasos en la dirección a la que Él nos guía”, concluyó.