Boletos de conciertos en México: precios récord y nuevas reglas
Los boletos de conciertos en México viven una escalada que ya no sorprende, pero sí incomoda. De giras internacionales como Pulp, BTS o Harry Styles, hasta regresos pop como el de Hilary Duff, los precios han alcanzado niveles que colocan a Ciudad de México entre las plazas más costosas del mundo para ver música en vivo.
El precio que paga el público no depende solo del artista. Aunque los cantantes y promotores fijan un valor base, el monto final aumenta con cargos por servicio, procesamiento y otras comisiones aplicadas por las plataformas de venta. En 2025, Ticketmaster confirmó que sus tarifas por servicio pasaron de 22% a 24% del valor del boleto. En términos simples: una entrada de 1.000 pesos puede sumar 240 pesos adicionales solo en comisión.

El caso de BTS encendió la conversación pública. Las entradas más exclusivas para sus fechas en el Estadio GNP superaron los 17.000 pesos, mientras que las más accesibles rondaron los 1.700. La demanda rebasó cualquier previsión: más de dos millones de personas intentaron comprar poco más de 136.000 boletos. La lógica económica es clara: cuando la demanda supera por mucho la oferta, el precio sube.
Sin embargo, el debate no se limita a la oferta y la demanda. La concentración del mercado también influye. Ticketmaster y Ocesa dominan buena parte de los espectáculos masivos en el país, lo que reduce la competencia. En Estados Unidos, el Departamento de Justicia presentó en 2024 una demanda antimonopolio contra Live Nation y Ticketmaster por prácticas que presuntamente limitan el mercado.
Ante la presión social, la Profeco publicó lineamientos obligatorios para boleteras en eventos de más de 20.000 asistentes. Exige mostrar el precio total desde el inicio, eliminar cargos ocultos, proteger contra bots y garantizar reembolsos claros en caso de cancelación.
Los boletos de conciertos en México reflejan un fenómeno global: el regreso masivo a los espectáculos tras la pandemia disparó la demanda. La pregunta ahora no es si seguirán subiendo, sino hasta dónde está dispuesto el público a pagar por la experiencia en vivo.

