El Hormiguero: el lienzo charro que guarda la memoria viva de Azcapotzalco
Antes de que el concreto avanzara y la ciudad se expandiera sin pausa, Azcapotzalco ya era territorio de tradiciones profundas. Entre ellas, una ha resistido al ruido urbano durante más de ocho décadas: el Lienzo Charro El Hormiguero, un recinto donde la charrería no es espectáculo, sino herencia.
Fundado a inicios de la década de 1940, El Hormiguero nació cuando la charrería todavía se practicaba como una extensión natural de la vida cotidiana. Aquí, el caballo era compañero de trabajo, la faena una forma de identidad y el lienzo un punto de reunión social. Con el paso del tiempo, lo que comenzó como un espacio comunitario se transformó en un símbolo cultural.
Un lugar donde el tiempo se mueve distinto
Mientras la ciudad cambiaba de rostro, el lienzo permaneció. Las gradas, la arena y el eco de las suertes charras han sido testigos de generaciones enteras: abuelos que enseñaron a montar, padres que heredaron el traje, hijas que encontraron en la escaramuza una forma de expresión y orgullo.
El Hormiguero se convirtió en sede de la Asociación de Charros José Becerril de Azcapotzalco, una agrupación que consolidó la vida charra del norte de la capital y dio continuidad formal a una tradición que se negaba a desaparecer.

Tradición que no se museifica
A diferencia de otros espacios históricos que quedaron congelados en el pasado, El Hormiguero sigue vivo. Aquí la charrería no se observa detrás de una vitrina: se practica. Cada charreada, cada aniversario celebrado, cada entrenamiento mantiene activa una conversación entre pasado y presente.
El recinto ha celebrado 75, 80 y hoy 84 años de historia, reafirmando que la tradición no está reñida con la ciudad moderna, sino que puede coexistir con ella cuando existe comunidad que la defienda.
Un símbolo que resiste
En una capital donde muchos espacios tradicionales han sido desplazados, el Lienzo Charro El Hormiguero resiste como un acto de memoria colectiva. No solo representa un deporte nacional, sino una manera de entender el arraigo, el barrio y la continuidad cultural.
Más que un lienzo, El Hormiguero es un recordatorio: hay lugares donde el tiempo no borra, sino que acumula historia.