La Ciudad de México enfrenta un fenómeno social que se ha intensificado de forma acelerada: el número de personas en situación de calle en CDMX pasó de 900 en 2022 a 2,878 en 2025, según cifras de la Secretaría de Bienestar e Igualdad Social. El crecimiento no solo refleja una crisis de exclusión, sino también una convivencia cada vez más compleja en el espacio público.
La alcaldía Cuauhtémoc concentra uno de los mayores focos del problema, con 1,011 personas viviendo en la vía pública. En esta demarcación, comerciantes reportan afectaciones directas a su actividad diaria. Enrique, vendedor de periódicos en las inmediaciones de Plaza Garibaldi, decidió reducir su jornada laboral y contempla traspasar su negocio tras años de conflictos.
Relata que los problemas no se limitan al deterioro del entorno. También enfrenta insultos y confrontaciones verbales. “Ya tengo 71 años como para estarme aguantando todo eso”, dice, al describir una rutina marcada por la limpieza constante y el desgaste emocional.

Fotos de Elizabth Santiago para la sillarota
“Quisiera que vinieran en la mañana para que vean cómo amanece con orines, heces. Me han echado perros muertos abajo de la lámina.”
— Enrique, comerciante en la alcaldía Cuauhtémoc
“Te mientan la madre, te dicen de todo. Ya tengo 71 años como para estarme aguantando todo eso.”
— Enrique, comerciante
“El consumo problemático de sustancias, los problemas de salud mental no atendidos, las redes de apoyo debilitadas, problemas económicos, incluso hasta la mala suerte.”
— Arturo Soto, director del área social de Mi Valedor
Especialistas subrayan que detrás de cada persona en situación de calle existe una cadena de factores. Arturo Soto, director del área social de Mi Valedor, señala que el consumo problemático de sustancias, trastornos de salud mental no atendidos, la ruptura de redes de apoyo y la precariedad económica suelen confluir. A ello se suman procesos migratorios: datos oficiales indican que 36% proviene de otros estados y 1.6% de otros países.
La convivencia cotidiana también afecta a pequeños negocios. Silvia, empleada de un puesto de tacos cercano a una secundaria pública, afirma que la limpieza diaria implica gastos adicionales que su economía apenas puede absorber. “Vivimos al día y gastamos más en productos de limpieza, pero la peste no se va”, explica.
Aunque comerciantes reconocen la necesidad de no criminalizar ni deshumanizar, coinciden en que la respuesta gubernamental ha sido insuficiente. Traslados temporales a albergues no han resuelto el problema de fondo y, según organizaciones civiles, algunos centros presentan deficiencias graves.
El reto, coinciden activistas y vecinos, no es solo retirar a las personas de la calle, sino atender las causas estructurales de una crisis que ya es visible en avenidas, plazas y mercados de la capital.